La Fanciulla en El Exprimidor con Ari Paluch

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viernes, 31 de diciembre de 2010

¡FELICES FIESTAS! 


A mediados de noviembre de todos los años veo como la decoración navideña se empieza a apoderar de los negocios, la televisión y de a poquito de nuestras vidas. A mi particularmente esto me genera un poco de angustia. Las fiestas en general te recuerda que el año está terminando, que empiezan los días de balance, de perdón y de unión entre otras cosas. Todo esto genera un stress importante pero es inevitable, hay que pasarlo, pero después termina siendo todo lindo. 

La Navidad es el nacimiento de Jesús, lo que hace que sea una ocasión hermosa porque donde hay un nacimiento hay una familia y no hay nada más hermoso que la familia. Pero también lo cierto es que la familia trae sus complicaciones en este tipo de reuniones: que si unos están peleados con los otros, que quién trae la gaseosa y quién el pan dulce, que el pollo de la tía siempre sale quemado y que estoy cansada de siempre comer vitel toné. 

No sé cómo se hace pero no recuerdo haber pasado una Navidad mal, a pesar de todos los conflictos pre fiestas. Es como si el niño Jesús se apoderara de todo y a las 12 el amor y la buena onda es lo único que se siente mientras las copas se chocan. 

Los regalos son otras de las excusas para que el buen clima se mantenga. No importa si somos grandes o chicos, los regalos llenan el corazón y es una de las tradiciones navideñas que no tendríamos que perder nunca. 

Con una semana de recuperación de por medio aparece el fin de año. Acá el clima cambia un poco porque pegadito tenemos las vacaciones, el calor y la playa. Este es un festejo más estilo fiesta porque en realidad no despedimos un año sino que recibimos con la mejor onda posible el nuevo que está llegando. 

Yo creo mucho en la energía de las personas y la ley de atracción, por eso me parece fundamental empezar algo tan importante, como es un año más de vida, con gente que te quiere bien, con buena onda y festejar mucho, empezar sonriendo, riendo, bailando y con mucha diversión. 

Más allá de lo establecido mi teoría de las fiestas, ya hace un tiempito, es que hay que hacer lo que uno quiera, hacer los balances si es necesario pero no incluir las culpas en el medio, seguir proyectando objetivos, agradecer lo que tenemos, lo que conseguimos y lo que nos vino de arriba, celebrar el amor, la amistad y la familia que es lo más importante y lo que nos llena como personas. 

Hoy, dejando atrás el 2010 quiero agradecer por mis logros profesionales, por las nuevas amistades que formé, por haber encontrado el amor verdadero y por tener la mejor familia del mundo, cariñosa y contenedora. 

Por supuesto que no puedo dejar de lado este hermoso espacio que formamos con Mariana y Hernán que permitió mostrar lo que hago y expresarme tal cual soy. Desde ya muchísimas gracias a todos los que nos siguieron, nos leyeron y nos nutrieron con sus críticas. 

¡Muy felices fiestas y un excelente comienzo de año! 


Guadalupe Kochdilian.
MELANCOLÍA Y EUFORIA


En estos 12 meses he vividos algunos momentos melancólicos, pero lo que siento en los últimos días de diciembre siempre es diferente. Y eso que llevo casi 35 brindis de fin de año.

La sensación casi siempre arranca cuando brillan las primeras luces de navidad y dura hasta mi cumpleaños, los primeros días de enero.

La mejor manera de poder explicarles lo que me pasa es que piensen en una receta de cocina. Una mezcla de emociones y pensamientos, que se amalgaman como en una maza, que sumado al calor y a los banquetes familiares me genera una verdadera sensación de “final”. De ahí la melancolía.

De lo que no hice, de lo que hice y de lo que dejé de hacer.

Caigo en un claro lugar común: hago balances. De todo.

Pienso en lo que empieza y eso me genera un poco de alivio. Porque para mí, el 1 de enero, es literalmente como abrir un regalo. Todo nuevo… Los colores, sonidos, el olor y por sobre todo la expectativa de empezar a usarlo ¡ya!

Pero también son días con una intensidad especial.

Es como cuando me tiro a una pileta. El espacio entre que despego del piso y tomo contacto con el agua. Euforia pura. Me transformo en un adolescente en busca de límites por unos días. Mi pequeño viaje de egresados anual. Todo se potencia. Salgo más, gasto más, tomo más, me junto más con amigos, estoy mucho más en contacto con mi familia. Insisto, siento por unos días que llega “el final”.

Como con este hermoso proyecto que llamamos siglo XXI cualquiera. Este es el fin del 2010.

Gracias a ustedes por habernos visitado, leído y opinado. Y gracias a mis dos hermosas compañeras de ruta bloggera, por darme la oportunidad de expresarme, por aprender algo nuevo, por compartir ideas (que es maravilloso y se los aconsejo) y por ser tan profesionales.

Pero ojo que este viaje no termina acá. Seguimos y por supuesto, renovados.

Por último, de verdad creo que los deseos, si uno los pide con mucha intensidad e insistencia, se cumplen. Por eso mi deseo para este fin de año es: pidan sin miedo… ¡y en grande!

¡FELIZ 2011!


Hernán Hualpa