QUEJAS UNIVERSALES (argentinas)
¿Cuántas quejas escuchamos por día? Yo particularmente detesto la gente que cada dos palabras expone una queja. Por supuesto que a todos nos pasan cosas y a veces necesitamos desagotar, lo entiendo, está perfecto y lo acepto, pero también admitamos que ¡hay gente que se zarpa!
Cuando me topo con este estilo de personas, inmediatamente lo primero que pienso es: “¿soy quejosa?” y empiezo a recopilar en mi mente una síntesis de las conversaciones que tuve a lo largo del día para ver si cargué de energía negativa alguien, y así poder subsanarlo. Porque para mí, la queja es eso: mala energía, por eso molesta, hace mal tenerla y también transmitirla.
Hoy en día creo que la queja universal, potenciada a esta altura del año, es “¡¡¡Qué cansada que estoy!!!”. A la mañana porque es muy temprano, a la tarde porque estuvimos toda la mañana trabajando y a la noche porque estuvimos ¡¡todo el día trabajando!! ¡Pero esta es válida! La vida actual hay que vivirla “a full” porque sino te pasa por arriba, otra no nos queda, así que sólo por eso, es válida usarla.
“No tengo plata”, otra fija. ¡Y como para no quejarse, si está todo carísimo! Cuando cobrás tu sueldo ya lo tenés todo empeñado. Vestirse es caro, pero comer… ¡Pufff, ni hablar! Hacer todas las cosas que nos gustan demanda plata y ahí es cuando empezamos a aplicar esta queja, ¡cómo para no hacerlo! ¡En cualquier momento hasta nos van a cobrar por respirar! (y sí, todo esto es una queja).
Pero todo concluye en otra queja universal: “¡Así está el país!, con los dirigentes que tenemos ¿qué querés? ¡Esto en otro país no pasa!” El tema de esta queja resulta complejo porque es aplicable a todos los casos, o mejor dicho, lo aplicamos a todos los casos hasta a veces de manera incorrecta.
Si estás manejando por avenida Santa Fe en tu 0 km lo más chocha y de golpe te hundís en un cráter, es normal que te empieces a acordar de Macri, de su madre y toda su familia y, por ende apliques esta queja. OK, el tema es cuando lo que te pasa está muy ajeno a los políticos y sus políticas, como por ejemplo cuando estás chateando con el chico que te gusta, te está diciendo cosas re lindas y en eso, se cae la conexión. Y ahí empezás otra vez: “¡No te puedo creer! ¿Justo ahora? Nunca pasa, pero ahora que estoy hablando con él tiene que pasar. ¡Y sí, si estamos en Argentina y acá anda todo mal! Y los políticos de porquería que tenemos nos llevan de mal en peor, la verdad… ¡Hay que irse a vivir a otro país, esto así no va mas!”.
Yo entiendo lo que es para una mujer estar hablando con el chico por el cual morís pero paremos la moto, tomémonos un tilo y recapacitemos. En este caso este tipo de quejas no es la más aplicable pero solemos aplicarla igual y tengo una humilde hipótesis para esto. Simplemente los argentinos estamos susceptibles a la política por todos los machacasos que recibimos a lo largo de toda nuestra historia como país, por eso cualquier mal que nos pueda pasar se los atribuimos a ellos.
No los estoy defendiendo, para nada, simplemente tenemos que tratar de estar en nuestro eje como personas para no estar desparramando mala onda a los que nos rodean porque la queja nos hace feos, nos arruga y nos estresa. Aprendamos a ver las cosas lindas del día y nos vamos a dar cuenta que hay muchas más para alegrarse o regalar una sonrisa que para vomitar una queja. ¡Probalo! Es un ejercicio lindo que te va a devolver lo mismo que transmitís, porque no te olvides:¡¡¡Todo vuelve!!!
Guadalupe Kochdilian.
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