La Fanciulla en El Exprimidor con Ari Paluch

jueves, 21 de octubre de 2010


LA ECUACIÓN DE LA QUEJA




Habrán visto que la pregunta que planteamos esta semana es: ¿de qué nos quejamos? Y como no me parece copado generalizar, voy a responder por mí. 

De TODO. 

… la guita que me garpan no alcanza. Los servicios son malos (casi ninguno zafa). La atención al cliente es peor. El transporte mejor ni pensar. Las calles están llenas de autos a toda hora. Es muy tedioso encontrar un lugar para estacionar sin que te cobren. Todo es muy caro. En mis trabajos nunca se dan las condiciones tal cual me gustarían a mí. Cómo tardan en traerme / entregarme el almuerzo. Mi familia nunca me entiende. ¿NADIE TIENE MONEDAS? Los gobiernos hacen todo al revés. Nada de lo que haga “otro” me parece “perfecto”. LA que me gusta NO me da bola. Cada vez hay más colas. Y no precisamente las que calzan tangas. Cola para el banco, cola para el súper, cola para las entradas, ¡cola para ir al baño!... 


A todo eso súmenle el resto de las molestias que en este preciso momento no se me ocurren, pero es cuestión de salir a la calle para que broten como hormigas cuando se les inunda el hormiguero… 



Ufff... 



¿Se dieron cuenta que la lista podría ser interminable? 

¡QUE BUENO! Hay mucho por criticar, parecen decir esos pensamientos “que nos son míos” y que esperan el momento justo para pegar el zarpazo. 

Pero también, gracias a ellos, es que de a poco empecé a darme cuenta que al quejarme por todo, expongo mis limitaciones. Descubro mi cárcel mental. Quedo preso de esas voluntades que, como le ocurrió a Cenicienta, en un momento determinado revelan su verdadera identidad y me dejan en bolas. 

Se visten de santos y terminan generando esas situaciones que a veces vemos en otros y nos dan vergüenza ajena... 

Y es ahí cuando nos quedamos solos en un día que ya nos parece gris, frío y lluvioso, enojados con nosotros mismos y gritando internamente: ¡YO NO QUERÍA DECIR (o HACER) ESO! Literalmente un día de furia. 


La suma de la resta. 




Pero… ¿y si cambiara la ecuación? 

Imagínense no perder tiempo ni energía pensando en la guita que me garpan (y compararla con la que me merezco), los magros servicios que me ofrecen, los transportes desbordados, el tránsito intransitable, lo mal que la paso en el laburo, cuánto tardan en traerme o entregarme el almuerzo, pelearme con mi vieja, los gobernantes, los truchos y los gobernantes truchos, LA que NO me da bola… y las colas... bueno eso no está tan mal... 

Ahora imaginen invertir ese tiempo y energía en pensar (y accionar en consecuencia) cómo hacer para cambiar mi condición laboral, no ser tan exigente con los demás cuando yo le brindo concesiones a todos mis errores, cambiar de ruta si el bondi o el tren que siempre uso no dan para más, hablar con mi familia para generar diálogo, ser un poco más tolerante, votar mejor (e involucrarme si lo creo necesario), y sobre todo prestar atención a las señales de LA persona que en realidad me quiere como soy. Además de esta manera la cola viene sola... 

En definitiva la ecuación quedaría: “sumar sumar”. Yo sumo, vos sumás (y tal vez algún día todos sumemos), juntando energías positivas. 

Claro que no es fácil. Hay que ser perseverante. Requiere disciplina. Es un ejercicio (porque el cerebro al fin y al cabo es un músculo) diario. Tiene altibajos (como la vida), pero si uno le pone esfuerzo, decisión y muuucha paciencia, los resultados saltan a la vista. Por ende, ¿adivinen qué?: los cambios profundos se ven después de pasar por un proceso, nunca de hoy para mañana. 

También es cierto que muchas quejas son justificadas, por eso hay que expresarlas, pero creo que hay que hacerlas pensando en sumar. 

Veamos el siguiente ejemplo: fuimos a sacar 2 o 3 fotocopias. El importe es muy bajo, entonces “el comerciante” nos pide por favor (a veces no pero no dejemos que aparezcan pensamientos “negativos”) que lo ayudemos con el cambio. Nosotros no sólo no lo ayudamos, sino que además le recordamos que es él el que se tiene que encargar de proveernos del mismo. Entonces el comerciante, enojado, no nos vende. Conclusión: se nos presentó un problema, no contribuimos ni un poquito en solucionarlo, seguro que nos cambió el humor y lo más importante es que nos quedamos sin las fotocopias. Me pregunto: ¿cuál fue nuestro negocio? 

Apelo nuevamente a su imaginación. Ahora pensemos en una sociedad donde todos ponemos ese granito de suma… Porque todos sabemos que uno solo no es médano, pero también sabemos que es una conjunción de sumas la que lo forma. ¡Piensen de qué manera mejoraría el día a día! 

Por último les dejo la última retórica de hoy: ¿está en nuestras manos el cambio? 

Yo por mi parte ya me decidí. 


Quiero sumar. 


Hernán Hualpa

0 comentarios:

Publicar un comentario

y vos que pensás???