La Fanciulla en El Exprimidor con Ari Paluch

jueves, 28 de octubre de 2010

MI LUGAR… 

Siempre que invito alguien a casa, lo primero que chequeo es que el baño esté limpio y prolijo. Desde mi punto de vista es el lugar más importante de una casa, es el lugar donde se puede tener intimidad absoluta. Tendría que existir un baño por integrante en cada vivienda, es algo muy personal. ¿Cuántas veces habré ido a llorar al baño o a hablar por teléfono a escondidas? Millones, millones, de veces. 

Creo que el estado del baño refleja cómo es la persona que lo habita, por eso insisto que es el único lugar donde podemos ser nosotros mismos y estar en soledad. Nadie nos puede juzgar, podemos hacer lo que queremos porque ahí sí somos libres. 

Desde el punto de vista femenino es aquí donde nace la coquetería y se desarrolla hasta llegar a su máximo esplendor. Donde jugamos a ser Pampita, a ver qué es lo que mejor nos queda, qué peinado me hace más diosa (porque frente al espejo de nuestro baño somos re diosas) y donde el espejo es nuestro mejor crítico. 

El cuerpo también se libera, porque estamos en nuestro refugio donde nada nos lastima, solo nosotros mismos podemos hacerlo y justamente por eso tenemos el control de lo que queremos hacernos. Nos miramos con objetividad y muchas veces con amor o compasión (de acuerdo a cómo esté nuestro autoestima). 

Podemos encontrar la paz que en ningún otro lado existe. ¡Las veces que me he inspirado y salido corriendo a anotar ideas que hace rato quería tener y nunca surgían! Y es aquí mismo donde buscamos la relajación por medio de un baño de inmersión, una duchita caliente o el amanecer de la rutina con una ducha despabiladora. 

Tiene tantas cosas buenas y positivas que hasta lo escatológico queda en segundo plano, eso es una necesidad, todo lo demás es por placer, gusto y diversión. 

Nunca hay que apurar al que esté dentro del baño porque lo peor que te puede pasar es que te quieran sacar del lugar donde podés ser vos, donde las ideas se acomodan, donde la mochila del día agitado se va desprendiendo de nuestras espaldas, donde nuestra mujer infartante se empieza a asomar y sobre todo donde nuestro cuerpo deja de lado las miradas ajenas para focalizarse en la que más vale la pena: la de uno mismo. 

Sin mucho más para decir, simplemente quiero agradecer a quien haya inventado este maravilloso lugar, multifacético y lleno de emociones que se hace llamar ¡EL BAÑO! 


Guadalupe Kochdilian

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